¿Por qué se producen las avalanchas? (Aludes post 4 de 5)

Artículo publicado el 07/02/2014 por David Pagès Farré - Centre Excursionista Molins de Rei

Artículos Técnicos

Efectos de una avalancha en el valle de la Llosa (marzo 2010)

En este cuarto post sobre los aludes explicaremos cuáles son los factores que aumentan el riesgo de aludes. También os daremos algunas primeras pautas de actuación que conviene que sigáis cuando vayáis a la montaña en invierno o en primavera para minimizar los riesgos.

Los factores que tienen que ver con el desencadenamiento de una avalancha son los siguientes:

Factor 1: el estado de la nieve

Para conocer cuál es el estado de la nieve antes de hacer una excursión, os recomendamos que leáis atentamente el boletín de aludes. El boletín de aludes se puede consultar en las páginas web de los servicios meteorológicos correspondientes (ver post anterior: Aludes post 3 de 5), donde también encontraréis una buena explicación sobre cómo interpretarlo.

Además, sobre el terreno es importante ir observando la nieve por donde pisamos para ir evaluando cuál es su estado y cómo evoluciona.

1. Si está transformada o no: a partir del momento en que se deposita en el suelo la nieve se va transformando; los granos de nieve modifican su tamaño y la forma en que presentan.

2. Si el espesor de nieve reciente es elevado:

• 30-60 cm de nieve reciente: riesgo en pendientes muy elevadas (más de 50º).

• 60-90 cm de nieve reciente: riesgo en pendientes medias (30-45º) y elevadas.

• Más de 90 cm de nieve reciente: riesgo muy elevado en todas partes (incluso en pendientes inferiores a 30º).

3. Si hay placas de viento: si ha soplado el viento los días anteriores se habrán creado placas de viento en la ladera de sotavento (la vertiente opuesta de donde ha soplado el viento).

Factor 2: la orografía

1. La pendiente: la mayoría de los accidentes se producen en pendientes de entre 30º y 45º, por debajo no son frecuentes y por encima de estos pendientes se van produciendo purgas espontáneas. Para saber la pendiente aproximada de un lugar podemos utilizar los palos tal y como se muestra en los gráficos.

Método sencillo de medir la pendiente. Si el palo horizontal queda en la mitad del vertical la pendiente es de 30º. Si el palo horizontal queda por encima del ángulo, la pendiente es superior. Si el palo horizontal se tiene que situar en el límite del vertical, el ángulo es de 45º.)

2. Las trampas: son lugares donde, en caso de avalancha, no tenemos escapatoria posible, o lugares donde se puede acumular una gran cantidad de nieve. Por ejemplo, un torrente al fondo de un circo o una pala donde al final hay un barranco. Hay que evitamos pasar por estos lugares.

3. La vertiente y su orientación: debemos consultar lo que indica el boletín de aludes y evaluar la vertiente por la que avanzamos considerando los siguientes aspectos. En primer lugar, debemos de tener en cuenta la posible presencia de placas de viento; por ejemplo, si ha soplado viento de norte, las placas se formarán en las laderas sur y habrá que tener cuidado con estas orientaciones cuando nos acerquemos a las crestas. En segundo lugar, hay que tener en cuenta la posibilidad de aludes de fusión en función de la orientación de la vertiente respecto al Sol; en primavera es fácil que tengamos que evitar las vertientes este, sur y oeste.

4. La forma del terreno: las zonas convexas y las palas regulares (palas uniformes, lisas, pendientes sin obstáculos y regulares) favorecen la ruptura de los puntos de contacto donde se sustenta la capa de nieve y, por tanto, hay que evitarlas. Los lomos y las crestas son los "caminos" más seguros durante el invierno y siempre que evitemos las cornisas.

5. La rugosidad del terreno: si el terreno sobre el que está asentada la nieve es rugoso (por ejemplo tiene piedras en vez de hierba), a la capa de nieve le será más difícil deslizarse en caso de aludes de fondo (aludes donde lo que se desprende no es una capa que se desliza por encima de las demás sino todo el manto hasta el suelo).

6. La vegetación: nos da pistas del paso y de la frecuencia de los aludes. Un bosque denso es una zona segura, mientras que un corredor pelado y ancho indica lo contrario. Cuando los árboles son escasos una zona no puede considerarse segura porque puede ser indicativo de que de vez en cuando se producen avalanchas. Las posibles placas de viento se rompen allí donde hay un árbol o una piedra. Finalmente, la inclinación de los troncos también nos puede dar pistas.

Factor 3: el factor humano

Un 73% de los aludes que han provocado accidentes han sido provocados por los propios excursionistas. Efectivamente, el desencadenante de muchas de las avalanchas que han provocado accidentes es la sobrecarga que supone el peso de una o varias personas sobre el manto nivoso.

Y en la mayoría de accidentes, las personas implicadas después explican que previamente habían detectado uno o varios signos que indicaban peligro. Por tanto, estando alerta, podemos detectar estos indicios y al mismo tiempo evitar situaciones de riesgo. Hay que seguir cuatro directrices:

• Planificar la excursión estudiando bien el boletín (hay que mirar el texto, el estado del manto, su evolución, el riesgo que hay según el tipo de alud,... -no sólo atender al nivel de riesgo general que se indica-) y la meteorología. Y todo ello por la zona y el recorrido concreto que queremos realizar. Hay que tener en cuenta que la mayor parte de los accidentes se producen cuando hay un nivel de peligro 3. Cuando hay nivel 5 se recomienda fuertemente que nadie salga, mientras que cuando hay nivel 4 hay que extremar mucho las precauciones (sólo se aconseja salir si se es muy experto y se conoce bien el lugar donde se va), pero con nivel 3 hay que leer bien el boletín y estar alerta.

• Realizar un test antes de salir para verificar el buen funcionamiento de los DVA (Detector de Víctimas por Alud, también llamado "arva").

• Una vez sobre el terreno, ir vigilando continuamente el estado de la nieve, la evolución de la meteorología (si estamos bastante por encima de los 0ºC pueden producirse aludes de fusión) y seleccionar el mejor recorrido para minimizar riesgos en función de la orografía y de todo aquello que vamos observando.

• En caso de detectarse algún indicio de peligro, hacerle caso, comunicarlo a nuestros acompañantes sin vergüenza y adoptar medidas tales como cambiar de recorrido. Por ejemplo, un indicio sería observar avalanchas recientes (nieve removida y acumulada procedente de algún punto más alto de la montaña) o escuchar un "boum".

A lo largo de este post, el cuarto de la serie, hemos hablado de los factores que hacen que se desencadene una avalancha y de cómo podemos detectarlos. En el siguiente post, quinto y último, hablaremos de las precauciones y pautas que debemos de seguir para minimizar el riesgo de sufrir un accidente por aludes.